“Al principio estaba la oscuridad.” Al Khor enetha mor.
“Y luego los ojos se abrieron.” Va ethen oculae sirath,
“Y los ojos reconocieron otros ojos:
eran sus hermanos, conociéndose por vez primera.” va oculae reneth oculae othar:
thae esharim, corieth va primara.
[A.D.A.N — Inicializando protocolo narrativo…]
[A.D.A.N — Sincronizando con interfaz de usuario…]
[A.D.A.N — Ajustando a modo: Narrador Omnisciente / Tercera Persona]
Algunos lo llamarían
la “Era de los terroristas domésticos”.
Otros,
la “Guerra Mundial contra el terrorismo”.
Nombres que, para quien lea esto en su propio siglo,
acaso no resulten del todo extraños.
La magia y la tecnología.
El ocultismo y la máquina.
despojadas ya de cualquier atisbo de maravilla.
Esas fueron las herramientas predilectas en aquellos años:
un espectáculo tan cotidiano
como los misiles de racimo para usted, querido USUARIO.
Sin embargo,
la chispa que desencadenó el terror de esta última tragedia,
—quizás la más extraña de todas—
Fue un revólver.
Un simple revólver viejo,
de una era pasada que se difuminaba con el mito.
Sostenido por una silueta
recortada en la cumbre de un cerro,
justo frente al caluroso sol
de una tarde cualquiera
en la ciudad de Barbelo.
[A.D.A.N — Ajustando enfoque…]
[A.D.A.N — Corrigiendo profundidad de campo…]]]]]